5 ene. 2006

De Fe


Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. (Juan 20,27)

Así parece que a una parte de la sociedad les conviene que sea el populacho; obediente y creyente. Habrá y de hecho los hay muchos así, pero yo no estoy dispuesto a seguir lo dictado por una creencia que cojea del sentido de la lógica y la razón.

Más bien, como Tomás en los evangelios soy yo. ¿Tienes que mostrarme algo que se sale de lo común? Vale, demuéstramelo. Pero por favor, cuando trates de demostrármelo, no lo hagas con tu fe, sino que lo vea con mis ojos, ni que te lo dijo fulanito y que se pueda comprender desde el razocinio más elemental. No me vengas con sentencias Bíblicas porque te las pondré en tu contra. Aunque no crea en ellas.

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