27 mar. 2006

El largo brazo de la charlatanería

La historia que voy a contarles es absolutamente real, aunque no lo parezca. Comienza un sábado en la tarde cuando me encuentro en una peluquería cercana a mi domicilio para una actividad tan inofensiva como cortarme el pelo.

Una chica amable y encantadora me hace pasar al lavacabezas y justo cuando va a comenzar a mojar mi cabello se percata de que mi cuero cabelludo está algo irritado y me lo hace saber (¿se creería que no noto lo que le pasa a mi cuerpo?). Amablemente le informo de que ya lo sé y de que ya estoy recibiendo un tratamiento para ello. Unos pocos minutos después termina de lavarme el pelo y me pasa a uno de los sillones donde otra de sus compañeras, con más experiencia, será la encargada de realizar el corte y peinado. Por si acaso su compañera es tan “distraída” como yo, le informa de la irritación de mi cuero cabelludo. Ésta revisa mi cabeza a fondo y corrobora el “diagnóstico”. A partir de ese momento empiezo a sentir que estoy en un programa de cámara oculta. Aquello no puede ser cierto, no puede estar pasando y, sobre todo, no puede estar pasándome a mí. Pero no adelantemos acontecimientos y vayamos por partes.

Lo primero que hace la oficial de peluquería es “informarme” acerca de un excelente tratamiento recién importado de EE.UU. que resolvería la irritación en unas pocas semanas. Se trata de un “innovador” tratamiento basado en la medicina tradicional china. Sí, como lo lee, no es broma. A partir de ese momento empieza a darme una información que no he pedido y que no me interesa, pero que de todos modos tengo que soportar. El tratamiento consiste en “unas arcillas y unas ampollas de oligoelementos (como el zinc, el cobre, la plata). Además no se trata de un cosmético más, ya que éste penetra en el cuerpo hasta el punto de que pasadas 48 horas se ven los resultados en un simple análisis de orina. Le aseguro que es una maravilla, tanto que mi marido que tiene muchas entradas lo está siguiendo y ya le está naciendo pelo” (sic). Y usted se preguntará ¿el tratamiento no era para la irritación del cuero cabelludo? Pues sí, pero al parecer esa maravilla, ese prodigio de la medicina tradicional china es bueno para todo. Amablemente, que para eso una es educada, le informo de que no me interesa. Que mi problema está siendo tratado por un dermatólogo.

Parece que la conversación se ha terminado ahí. Ella ha “cumplido” con su obligación de informarme y yo he declinado amablemente esa solución. Termina de cortarme el pelo mientras yo me distraigo ojeando una revista. Pero, oh sorpresa, a la hora de empezar a peinarme vuelve al ataque. "Tiene usted problemas de grasa, ¿verdad?" Vaya, qué perspicacia, ¿se habrá dado cuenta sola o habrá recibido ayuda? Haciendo nuevamente gala de la buena educación recibida desde niña, pongo mi mejor sonrisa y le contesto “pues sí. Tengo un problema hormonal diagnosticado desde hace más de 15 años”. Ella pone cara de me lo temía y me suelta “Bueno, eso dicen siempre los médicos. Siempre culpan a las hormonas o al stress, pero la realidad es que este problema suele ser por un problema de hígado o por un consumo excesivo de productos lácteos. Seguro que usted toma muchos lácteos”. Empiezo a sentir que las enseñanzas familiares son un estorbo, mi lado emocional tiene ganas de gritarle que dónde demonios ha estudiado medicina, que se dedique a hacer bien su trabajo, que para eso le pagan, y deje la medicina para los profesionales. Pero mi lado racional vence y me limito a contestarle que “afortunadamente mi hígado está perfecto y apenas tomo lácteos porque no me gustan”. Sin embargo me permito un capricho y añado “y, curiosamente, con el tratamiento para las hormonas el problema se ha corregido notablemente”. Poco convencida con mi respuesta vuelve a la carga y trata nuevamente de venderme su milagroso tratamiento que, curiosamente, también sirve para el exceso de grasa. En ese momento ya no aguanto más y le dejo bien claro que no me interesa, que la medicina tradicional china no es más que un cuento y que cuando tengo un problema de salud, voy al médico.

Transcurren unos segundos de silencio y vuelve a la carga. “Bueno, por suerte ya en muchos sitios se tiene acceso a estas otras terapias. De hecho, hay sitios donde la seguridad social reconoce la acupuntura. ¡Ojalá pronto también lo hagan aquí!”.

Se acabó, no aguanto más, no puedo seguir oyendo tanta estupidez. Sin perder la compostura pero con firmeza y seriedad le aseguro que mi deseo es que eso nunca ocurra porque no es más que una paparrucha, que no funciona y no es más efectiva que el efecto placebo.

Creo que se ha dado cuenta de que no soy una “presa” para sus mamarrachadas, así que termina su trabajo, me cobra y se despide amablemente de mí. ¿Habría sido tan amable de saber que es la última vez que me va a ver allí dentro y que pienso informar a todos mis conocidos de que ya ni en la peluquería puedes librarte de la charlatanería en estado puro?

Seguro que no.

Fdo: Una colaboradora

3 comentarios:

A las lunes, 27 marzo, 2006 , Blogger Alulim ha dicho...

Las peluquerías son como un simpático mercado de habladurías. Me alegro de que al menos no te hayan dado la brasa con una magnífica exposición sobre "los SIETE secretos de Fátima".

No obstante, ¿cuánta gente habrá picado y habrá comprado un tarro de esos que mi padre define como "agua sucia con merducia"?.

 
A las lunes, 10 julio, 2006 , Blogger El Primo Ralsa ha dicho...

Si no picase gente no se expondrían a hacer el mono vendiendo esa puta mierda, porque creer que funciona no se lo creen ni ellas.
Apuesto.

 
A las miércoles, 21 noviembre, 2007 , Anonymous Anónimo ha dicho...

Por casualidad estava buscando articulos relacionados con mi profesión, que curiosamente es la de peluquero, por lo visto la señora que escribe en el blog és la unica que ha recivido buena educación en este pais, porque no deja de hacerlo notar, en uno de sus comentarios dice que no sabe como puede estar pasandole eso a ella, ese tipo de comentarios se suelen hacer cuando uno cree estar cayendo en su propia trampa i es que cree el ladron que todos son de su condición. Rompiendo una lanza en defensa de mi compañera de profesión le puedo asegurar que los productos que actualmente se comercializan en las peluquerias han pasado un exaustivo control de calidad i en la mayoria de los casos son efectivos para tratar problemas a nivel cutaneo. Cualquier profesional que haya dedicado unos años de su vida a formarse se merece un respeto, incluso usted, le puedo asegurar que ni todos los peluqueros son charlatanes como insinuan en su blog ni todas las personas con problemas hormonales son tan indolentes como usted.

 

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